Nosotros tenemos una residencia en el mundo pero ya no somos del mundo por que nuestra estadía es el cielo. Como nosotros residimos en el mundo muchas veces nos equivocamos y pecamos, por que nos somos perfectos, solo Jesús lo es. Esa es la razón por la que Dios hecho hombre vino al mundo a rescatarnos.
*No puede existir coexistencia pacífica entre el cristiano y las cosas del mundo. Amar el mundo, ir tras sus placeres, deleites, pasatiempos, es ir en contra de Dios.
Por otra parte, seguir fielmente a Dios es, de modo inevitable, ir contra el mundo y hacerse enemigo de él. Esa es una de las grandes pruebas, especialmente para los jóvenes cristianos.
El mundo siempre será una tentación, y el joven cristiano tendrá que luchar para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Siempre será necesario negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús, dominando los impulsos y los deseos juveniles. La senda cristiana siempre será ascendente, escabrosa y difícil. El camino que entra por las puertas de la ciudad de Dios es angosto y difícil. Por eso pocos hallan la puerta.
Por esa razón, únicamente aquellos que saben por qué luchan y qué es lo que buscan dan la espalda al mundo y se hacen amigos de Dios.
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